Primer Mandamiento de la Ley de Dios - Salvar el Planeta Tierra

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Hermoso planeta

El cumplimiento de los mandamientos de la Ley de Dios, es el camino para la salvación hacia la vida eterna; pero su primer fruto es la consecución de una sociedad más justa.

Al recibir Moisés estos mandamientos, Dios les ofrecía que, con el cumplimiento de estas leyes, el pueblo de Israel, lograría gran prosperidad y paz.

Es por eso que en el sistema jurídico de todos los países del planeta se encuentran implícitos la gran mayoría de estos mandamientos: asegurando un día de descanso en la semana, penando el asesinato, el falso testimonio, el adulterio etc .

Cuando el Padre Universal promulgó estas leyes, en el monte Sinai (Horeb), para el pueblo que escogió; hizo un pacto con ellos. En este pacto les ofrecía que, con el cumplimiento de estas leyes, lograrían gran prosperidad y paz. Con el cumplimiento de este pacto, el pueblo de Israel se constituiría en una sociedad de justicia y elevados valores morales; un pueblo de absoluto respeto a los derechos de todos sus ciudadanos nativos y extranjeros, libres de discriminación; con gran respeto, agradecimiento, y amor a Dios. Y Dios esperaba que este pueblo se constituyera en el paradigma de sociedad para guía de todos los pueblos del mundo; y de esta manera la tierra se elevara a la categoría de un mundo de amor y paz universal. Pero el pueblo escogido faltó a su pacto, y en lugar de prosperidad consiguieron una rueda histórica de calamidades, y con ello también el mundo fue el que perdió las oportunidades de elevarse a una calidad superior.

Luego vino el hijo predilecto de Dios, el Maestro Jesús, y en una nueva alianza, nos repitió las bases para constituir una sociedad superior, con mucha paz entre los hombres, con mucho respeto a los derechos de cada ser, de cada grupo social, de cada raza, de cada nación. ¿Qué es sino una sociedad donde todos sus habitantes se amen?, pues resultará una ¡sociedad justa!. Resultará una sociedad con una distribución de la producción y de los recursos del planeta más equitativo. ¿Es posible esto?: Claro que sí, y esto está en el corazón de todos los hombres; absolutamente todos saben que sin el egoísmo de cada uno, el mundo sería muchísimo mejor.

El egoísmo universalizado en nuestro planeta, por el consumo irresponsable de sus recursos, nos está llevando a su destrucción. Edward O. Wilson, profesor de ciencia de la Universidad de Harvard escribe: “La más reciente extinción masiva fue, provocada hace 65 millones de años, por una lluvia de meteoritos gigantes cerca del actual Yucatán (México), puso punto final a la era de los dinosaurios… Los biólogos admiten que estamos asistiendo a las primeras fases de la séptima extinción masiva, provocada no por las fuerzas de la naturaleza, sino por la intervención humana. "http://www.biblioteca.org.ar/libros/325430.pdf” (Pág. 22). Esto es que estamos viviendo la fase inicial, o tal vez una fase avanzada, de la extinción de la especie humana y de toda la vida en el planeta. Aunque hay quien asegura que ya no hay salvación para la tierra, no porque el planeta ya esté en la etapa de un cáncer terminal, sino porque el egoísmo se ha empoderado tanto del espíritu del género humano, que ya no es posible salvar a la tierra; pero quien dice eso, y sabe lo que dice, lo manifestó, sin poder impedir inundarse de lágrimas y sollozos, que el punto de no retorno será cuando caiga del cielo, la última ave muerta por la atmósfera envenenada. 

Renacer del planeta

Por lo tanto es de extrema urgencia retomar todo lo que implica impedir la extinción del planeta, y esto pasa necesariamente por la extinción del egoísmo universalizado. Y estamos en la balanza, o extinguimos el egoísmo o extinguimos nuestro planeta. No hay alternativa, y es nuestra última oportunidad.

Cuando Dios nos ofreció un sistema de vida que nos llevara al paraíso, lo rechazamos reiteradamente a favor de una vida de atención desmedida a nuestras necesidades y exigencias de la materia corporal, en desmedro del desarrollo espiritual y mental; y sus consecuencias nos han llevado al borde de la extinción del planeta.

Hemos escuchado reiteradamente que somos creados a imagen y semejanza de Dios; pero también por la misma creación estamos hechos a imagen y semejanza de los animales. Y cuando esto último fue un descubrimiento científico, fue más cómodo escoger el vivir como “animales racionales”, pero animales al fin, en lugar de vivir como hijos de Dios; y así de esta manera “justificadamente” dar rienda suelta a la satisfacción irracional de nuestras necesidades materiales. Y los “animales racionales” ¿que hemos hecho del planeta?: Una jungla irracional autodestructiva.

No podemos dar vuelta atrás en el rumbo que le hemos dado al planeta los “animales racionales”, pero podemos cambiar ese rumbo como “hombres semejantes a Dios”. Los “animales racionales” no pueden otra cosa que construir una “jungla irracional”, pero los “hombres semejantes a Dios” pueden buscar transformarlo en un “paraíso”. Y este es el momento y el tiempo, y no hay otro, porque la “jungla irracional” moribunda no tiene una segunda oportunidad.

Un hombre libre de la cadena del egoísmo es definitivamente, un hombre de calidad superior. Y será aún de mejor calidad si se logra un perfil de elevados valores morales. Y de eso se trata, de elevar la calidad de los hombres para construir una civilización superior.

Y la calidad de un hombre, está entre otros aspectos, directamente relacionada con el concepto de sí mismo, y ello con el criterio que tiene de su origen. Hay quienes se creen descendientes de los animales, y que son "animales racionales"; y hay quienes saben que descienden de Dios, que son "hijos de Dios". Son dos paradigmas prácticamente opuestos.

¿Hay diferencia entre los “animales racionales” y los “hombres semejantes a Dios” o “hijos de Dios”?: Sí, y cualitativamente, su concepto de sí mismo es completamente opuesto; como se puede observar en el cuadro siguiente:

PARADIGMA "SOY HIJO DE DIOS" "SOY UN ANIMAL RACIONAL"
1er MENSAJE Mi origen es didivino Mi origen es animal
2do MENSAJE Soy muy importante por ser hijo de Dios Soy tan importante como un animal
3er MENSAJE Soy semejante a Dios Soy semejante a un animal
4to MENSAJE Mi mente es ilimitada Mi mente está limitada a la razón
5to MENSAJE Mi mente predomina a mis instintos Mis instintos predominan a mi mente
6to MENSAJE Mi nacimiento es con la perfeccion de valores. Mi esencia es la bondad  Mi nacimiento es sin valores. Mi esencia es el egoismo
7m MENSAJE Mi destino es ser misericordioso y amar a mi prójimo para ganar el cielo Mi destino es la ley del más fuerte, la ley de la selva
8vo MENSAJE Soy de existencia eterna Soy de existencia pasajera

Como se aprecia, los hombres que se consideren Hijos de Dios, de por sí tienen un concepto de sí mismo de mejor predisposición para el cambio del hombre a una calidad superior, que es lo que se requiere para dominar el egoísmo.

El perfil del hombre de más alta calidad que se conoce en la historia, es el del Nazareno, desprovisto de todo egoísmo, que amó hasta a sus enemigos que lo crucificaban. Para salvar el planeta necesitamos elevar la calidad de sus habitantes teniendo como modelo y como parámetro a este hombre de la más alta calidad: Jesús de Nazaret. Por lo tanto su doctrina es el camino más seguro y directo para elevar la calidad de los hombres. Y esta doctrina parte desde el Primer Mandamiento de la Ley de Dios.

Para reflexionar sobre el primer mandamiento extraemos del Libro Sagrado de la Tierra: La Biblia; los versos correspondientes a este Primer Mandamiento:

EXODO 20: (Hablando Dios desde el Monte Horeb)

1.- En seguida pronunció el Señor todas estas palabras. 2.- Yo soy el Señor Dios tuyo, que te ha sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud. 3.- No tendrás dioses ajenos delante de mí. 4.- No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5.- No te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen. 6.- Y hago misericordia a millares de generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos.

LEVÍTICO 19: (Hablando Dios a Moisés)

2.-Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y les dirás sed santos, porque yo, el Dios vuestro, soy santo.

18.- No procures la venganza, ni conserves la memoria a la injuria de tus conciudadanos. Amarás a tu amigo o prójimo como a ti mismo. Yo el Señor.

DEUTERONOMIO 5: (Hablando Moisés al pueblo de Israel)

4.- Cara a cara nos habló en el monte, desde en medio del fuego. 5.- Yo fui en aquel tiempo intérprete y medianero entre el Señor y vosotros, para anunciaros sus palabras; porque temisteis aquel gran fuego, y no subisteis al monte, y dijo: 6.- Yo soy el Señor Dios tuyo que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud. 7.- No tendrás otros dioses fuera de mí. 8.- No te esculpirás estatua ni figura ninguna de las cosas que hay arriba en el cielo, o acá abajo en la tierra, ó se mantienen en las aguas más debajo de la tierra. 9.- No las adorarás ni les darás culto: Porque yo soy el Señor Dios tuyo, Dios celoso que castigo en los hijos la maldad de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 10.- y que uso de misericordia por millares de generaciones con los que aman y guardan mis mandamientos.

DEUTERONOMIO 6: (Hablando Moisés al pueblo de Israel)

4.- Escucha Oh Israel: El Señor Dios nuestro es solo y único Dios y señor. 5.- Amarás pues al señor Dios tuyo, con todo tu corazón, y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. 6.- y estos mandamientos, que yo te doy en este día, estarán estampados en tu corazón. 7.- Y los enseñarás a tus hijos, y en ellos meditarás sentado en tu casa, y andando de viaje, y al acostarte y al levantarte. 8.- Y los has de traer para memoria ligados en tu mano, y pendientes en la frente ante tus ojos, 9.- Y escribirlos has, en el dintel y puertas de tu casa. 25.- Y el señor Dios nuestro tendrá misericordia de nosotros y nos llenará de bienes si guardáremos y cumpliéremos delante de él todos sus preceptos como nos ha mandando.

MATEO 22: (Jesús respondiendo a los Saduceos y Fariseos)

36.- Maestro ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley? 37.- Respondió Jesús: Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. 38.- El segundo es semejante a este, y es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

MARCOS 12: (Jesús respondiendo a los Saduceos y Fariseos)

28.- Uno de los escribas que había oído esta disputa, viendo lo bien que había respondido, se animó y le preguntó cual era el primero de los mandamientos. 29.- Y Jesús le respondió: el primero de todos los mandamiento es este: Escucha ¡Oh Israel¡, el señor Dios tuyo es, es él solo Dios. 30.- Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas; éste es el mandamiento primero. 31.- Es segundo, semejante al primero es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento que sea mayor que éstos.

LUCAS 10: (Jesús respondiendo a un maestro de la Ley)

25.- Se levantó entonces un doctor de la Ley, y le dijo con el fin de tentarle: Maestro, ¿Qué debo yo hacer para conseguir la vida eterna? 26.- Le dijo Jesús ¿Qué es lo que se halla escrito en la Ley? ¿Qué es lo que en ella lees? 27.- Respondió él: Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo. 28.- Le replicó Jesús: Bien has respondido, has eso y vivirás.

Asimismo, para mejor señalar, hacemos referencia a las apreciaciones que tienen las diferentes ramas del cristianismo y del judaísmo, acerca del Primer Mandamiento; y para ello extraemos de Wikipedia lo siguiente:

“Desde antiguo estos mandatos se han expresado en versiones abreviadas, el tipo de mensaje que los fieles pueden comprender y recordar. En la lista del catecismo católico toman la siguiente forma:

  1. Amarás a Dios por sobre todas las cosas.

La versión más popular entre las iglesias protestantes, salvo la luterana, para algunos más fiel a la enumeración del capítulo 20 del Éxodo, dice:

  1. No tendrás dioses ajenos delante de mí.

En la religión judía, en la Torá, los Diez Mandamientos está divididos del siguiente modo de acuerdo con el curso de Introducción a la Torá de la Universidad Virtual de Judaísmo. Citamos a continuación el pasaje bíblico del Exodo 20, dividido en mandamientos:

Dios dijo todas estas palabras, diciendo:

Primer mandamiento: ‘Yo soy El Eterno, tu Dios, Quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud’.

Las Iglesias Evangélicas coinciden con los judíos en que los 10 Mandamientos son los que se citan en dos ocasiones en el Antiguo Testamento, en Éxodo 20 y en Deuteronomio 5:

  • El Primero: ‘Yo soy Yahveh tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí’ ”

Y ahora recapitulando: En Exodo 20 y Deuteronomio 5; dice el Señor: “Yo soy el Señor Dios tuyo, no tendrás Dioses ajenos fuera de mí”. En esta primera parte el mandato es reconocerlo como nuestro Dios y no adorar a otro que no sea a Dios.

Y asimismo enfatiza que se tome en cuenta: “…que castigo en los hijos la maldad de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 10.- y que uso de misericordia por millares de generaciones con los que aman y guardan mis mandamientos”.

En Levítico 19-18 Dios le encarga a Moisés este otro mandamiento para los hebreos: “Amarás a tu amigo o prójimo como a ti mismo”. Y en Deuteronomio 6-5 Moisés les da este mandamiento a su pueblo: “Amarás pues al señor Dios tuyo, con todo tu corazón, y con toda tu alma y con todas tus fuerzas

Esto es lo que le Maestro Jesús, lo considera como el mandamiento más importante; porque al amar a Dios con todo el ardor de nuestro ser, no sólo lo estamos reconociendo como nuestro Dios, sino que no cabe la posibilidad de “otro” Dios. Y el Maestro va más allá, asocia este mandamiento, en forma indesligable, con el otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Porque no existe la manera de amar a Dios, sin amar al prójimo.

Al momento de la concepción, de la unión del espermatozoide con el óvulo, Dios nos hace el regalo más grande: Nos regala un poco de él, nuestra alma. Por eso somos semejantes a Dios. Es por eso, también, que el Señor Jesús asocia indesligablemente el Amor a Dios y el Amor al prójimo. Porque Dios también está en el prójimo.

Ahora debemos recordar, que quien mejor conoce la doctrina cristiana es el mismo Maestro Jesús; y de acuerdo a él, tal como está escrito en los Evangelios de Mateo 22, Marcos 122 y Lucas 10:

El Primer Mandamiento del Decálogo sería así:

Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente; y al prójimo como a ti mismo.

En conclusión:.

En cada ser humano está un poco de Dios, cuando en la concepción nos da el alma nos regala un poco de él. El que descubra esta verdad respetará el alma de las personas. Al amar a Dios defenderá su creencia, para ello hay que conocerlo; y esto se logra a través de la oración, pidiéndole que se comunique con nosotros. Se ora y se espera un momento para que se comunique con uno. Orar dándole todo nuestro amor y esperar que se manifieste para poder conocerlo. Al orar antes de dormir a veces en los sueños él se comunica. Luego de orar y sentir la comunicación de Dios, aún que sea difícil hay que obedecerlo. Cuando uno obedece al superior que uno ama y que nos ama demuestra confianza, y él nos regala su sabiduría y todo se hace más fácil y duradero. Con la sabiduría se trabajará la cuarta parte del tiempo por lo mismo.

¿Necesita Dios que lo alabemos y lo amemos?. Pues no, necesitan alabanza los soberbios. Dios es tan grande que no necesita ni nuestras alabanzas ni nuestro amor.

La luz de Dios permanentemente brilla sobre nuestro planeta. Si se apagara su brillo por un instante, es muy probable que tuviéramos grandes catástrofes; especialmente provocados por el disloque de los hombres. La maldad crecería, se multiplicarían los asesinatos y las guerras; la Tierra no duraría mucho.

Cuando alguien alaba a Dios, el brillo de Dios sobre la Tierra aumenta, y desesperadamente necesitamos que su brillo aumente; por eso es que somos nosotros los que necesitamos urgente y permanentemente alabar a Dios. Dios siempre nos envía su luz, pero no siempre la recibimos, porque estamos muy ocupados satisfaciendo nuestras necesidades materiales aún más allá de lo necesario; y perdemos las antenas que nos permitan captar y regocijarnos con la luz de Dios.

Dios no necesita que lo amemos. Pero cuando alguien ama a Dios, ese alguien crece, recibe su luz y sus bendiciones; y se benefician los suyos, sus amigos, sus vecinos, su patria, el planeta. Es por eso que somos nosotros los que necesitamos amarlo, con mucha urgencia. Porque Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros, es que nos ha dado ese mandamiento de amarlo sobre todas las cosas.

Alabemos a Dios todos los hombres, todos los pueblos, todas las razas. Amemos a Dios con todo el ardor de nuestro corazón. Así lograremos que el brillo de Dios aumente su fulgor sobre la Tierra, y que los hombres mejoren su calidad; y así la paz sea entre los hombres, para que todos los seres de nuestro planeta seamos eternamente felices.

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